Seguridad y Imaginemos que hay una ciencia de la seguridad pública y que esta ciencia para establecerse como tal requiere una estructura de certezas y mediciones, referencias y codificaciones, de diagnósticos, estadísticas y frecuencias. Si tratáramos de establecer las potencias de esa ciencia sobre un informe del estado de la seguridad pública en México, antes de que el actual gobierno tomara las riendas del país, seguramente el diagnóstico sería un ejemplo de alarma mundial. Ningún parámetro soportaría la experiencia mexicana, ninguno. Y si existiera una alerta mundial de desastre en seguridad, en México resonaría continuamente.

¿Por qué nunca se declaró a nuestro país en emergencia de seguridad pública? Todos los índices estaban reventados: trata, corrupción, derechos humanos, periodistas asesinados, feminicidios, desapariciones, cuerpos policíacos intervenidos, fuerzas armadas también penetradas por la corrupción, delincuencia organizada apoderada de regiones, ley de la selva, del más fuerte.

¿Por qué se llegó y dejó llegar a ese estado de descomposición de la gobernabilidad? ¿Cómo es que la clase política prácticamente se dejó absorber por la omisión, por la corrupción? Porque no existirá un informe verdadero de las condiciones de seguridad pública? Seguramente está reservado como asunto de seguridad nacional.

Recuerdo esa famosa reunión primera entre Andrés Manuel López Obrador y las fuerzas armadas que nos dejó preocupados. Tengo la impresión de que las fuerzas armadas emitieron un diagnóstico crudo y contundente: los militares no podrían regresar a los cuarteles. Pronto habrán estudios sobre este proceso: la decisión de quien sería Presidente de la República por establecer una Guardia Nacional ante el colapso institucional de la seguridad pública y la primacía de la delincuencia organizada frente a la nula capacidad de inhibición por parte de la Policía Federal, municipal, etc. El excandidato que recorrió todos los municipios uno por uno tenía un diagnóstico real: un desastre. La gente en estado de desprotección.

Recordemos también todo ese largo evento del brote de las policías comunitarias. La ley del más fuerte y la desaparición de la seguridad pública dieron por resultado lo obvio: los ciudadanos en punto de desesperación se organizaron para defender a sus familias, a sus propiedades, a su comunidad. Jamás hubo tal escándalo en un estado contemporáneo en el mundo. Ciudadanos en autodefensas ante delincuencia organizada del más alto nivel y con armamento sofisticado. ¿Puede Usted imaginar tal estado de putrefacción de gobierno? Lo teníamos en este país. Y lo que es peor, las guardias comunitarias, las autodefensas pronto fueron declaradas ilegales, atacadas y perseguidas, a ellos sí con lujo de violencia y fuerza. Ahí sí se aplicaron y hasta a prisión fueron remitidos, por cierto dos de esos liderazgos son ahora líderes de Morena como un reconocimiento a su valentía, a su honor de organizar la defensa de sus comunidades.

Y tenemos que asumir que los procesos de organización de la delincuencia, su grado de penetración en instituciones, barrios, pueblos, estados, aún está intacto. Y por supuesto que pretende ampliarse, disputarse mercados y formas de obtener más dinero con todos los delitos conocidos. Su proceso no concluye.

Por eso, ante una gran mea culpa, las oposiciones representadas en los parlamentos senatoriales y de diputados, aquellos partidos que permitieron el desastre de la seguridad pública con un Pacto por México, con sus gobiernos estatales, votaron a favor por la Guardia Nacional y rápidamente todos los gobiernos de los estados avalaron la propuesta.

La Guardia Nacional entrará en proceso de labor. No tendrá su desarrollo máximo, no tendrá su capacidad de intervención ni de respuesta de inmediato. Seguramente dentro de tres años alcanzará un punto de madurez en donde realmente pueda sofocar todos esos fuegos delincuenciales que abundan en el país. La delincuencia es ya una forma cultural, una forma de cohesión social negativa en muchas pequeñas regiones. Apoyados por otras manifestaciones culturales que se emiten en el entretenimiento, en ciertas canciones, en la pobreza, en la falta de expectativas que generaron décadas del proyecto neoliberal, será muy difícil frenar esas voluntades hechizadas por el dinero mal habido. La gran apuesta de la Guardia Nacional, es acompañada por desarrollos simultáneos de programas sociales, de disuasión, de trabajo.

Ante la nulidad de los gobiernos anteriores en atender sus responsabilidades, se abre hoy la posibilidad de ir atenuando los fenómenos delictivos. Estamos en ciernes e cuanto a la ciencia policial pero ya existe una voluntad de inhibir y revertir el delito de ingobernabilidad que se construyó durante décadas. Ciudadanos y gobierno ahora sí irán juntos. Está por verse esta epopeya del pueblo por protegerse legal y legítimamente. Nunca olvidemos a los responsables de esta situación.

Y lo hemos visto.

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“ Un gobierno honesto, tiene un pueblo seguro y un equilibro en la fe “Octavio Almada


@octavioalmada1

@ElCobanaro


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