El triunfo, aún virtual, de Andrés Manuel López Obrador como presidente de la república en las recientes elecciones, de alguna forma se veía venir. Seguramente sus adversarios lo intuían, por ello durante las campañas políticas una y otra vez se atentó contra la figura de AMLO. Sólo hay que recordar los spots de televisión que se enfocaban en desacreditar y ridiculizar explícitamente a dicho candidato. En cambio, Anaya y Meade apenas eran tentados; se les intentaba pintar como personajes carismáticos, conocedores del sentir de la prole que jamás conocieron.

Si se puso tanto énfasis en atacar a Obrador fue temor; y le temían porque advertían en él, una amenaza que podría desestabilizar la máquina política al atentar contra los intereses de los partidos hegemónicos. De lo contrario ¿Por qué prestarle atención a lo insignificante?

Por otro lado, el pueblo mexicano debía rechazar a AMLO por su propia seguridad, pues se podía observar un autoritarismo incipiente en el candidato. Esta veta de López Obrador fue la que explotaron quienes buscaron satanizarlo a través de la propaganda.

En repetidas ocasiones, se comparó a López Obrador con el actual presidente venezolano, ya sea en opiniones periodísticas, conversaciones en oficinas o en las calles, incluso en memes. No es secreto, el mismo AMLO, ha expresado abiertamente su admiración a Nicolás Maduro. No obstante, aunque lo anterior parezca alarmante, no es definitivo, pues es posible repudiar el nazismo y al mismo tiempo admirar a Hitler (digamos, por ejemplo, debido a su capacidad de cohesionar ideológicamente a un pueblo).

El periodista Ricardo Alemán expuso razones de peso contra el supuesto espíritu democrático de Obrador, al señalar un apartado del Proyecto de Nación 2018-2024, que propone modificar el artículo 102 de la Constitución para designar a un fiscal subordinado directamente al presidente de la república. En palabras del periodista, se busca crear un fiscal personal para tomar control de la procuración plena de la justicia.

Esta iniciativa fue elucubrada primero por Peña Nieto, quien intentó volver a Raúl Cervantes el primer Fiscal General del país (“fiscal carnal”), empero no fue aprobada, ante las reacción de los partidos opositores, incluido Morena. (Así lo subrayó Juan Manuel Asai en Crónica.)

Los que apoyan con reservas a López Obrador, podían tranquilizarse con la idea de que aún con la presidencia ganada, la oposición se mantendría en las cámaras de diputados y senadores como un obstáculo. Que sorpresa nos llevamos.

Más inaudito que el triunfo de AMLO fue que Morena obtuviera un éxito rotundo a lo largo y ancho del país con 31 estados ganados. Morena se consolidó como un partido nacional y ahora tiene las riendas de México en sus manos. Esperemos que el nuevo gobierno sea consecuente con sus discursos democráticos y sus arengas contra la corrupción. Esperemos que se equivoquen todos los detractores. No esperamos a un AMLO mesiánico, con que su satanización se quede en eso y no se materialice, es suficiente. De momento sólo resta darle tiempo al tiempo.


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